Fresca ignorancia o estomago se requiere para recorrer toda la prensa española sin esputar por la deriva ideológica de unos medios de comunicación subyugados a una partitocracia que convierte la romántica democracia en una ciénaga inmunda. Lamentable leer a los periodistas convertidos en correas de transmisión, como si sólo tuvieran que ser de un lado o de otro, estar en la izquierda o la derecha. Decadencia moral y falta de cohesión social que conducen a padecer el sacralizado totalitarismo de partidos, manifestación de la mano económica que dirige el sistema.
Los medios de comunicación no son el cuarto poder, más bien son trinchera de hienas y subordinados a intereses no siempre afines al bien común. Son altavoces de la opinión dirigente que se introduce en las personas a modo de guía de conducta para someterlas. La democracia no es justa, el periodismo es panfletario y la gente más pusilánime de lo necesario ya que permite el estado de la realidad donde el sistema es dirigido por fuerzas económicas y financieras que controlan, al mismo tiempo, el poder político.