Entre las debilidades de Zapatero se encuentra una capital, que últimamente se ha hecho especialmente notoria: desconoce las reglas fundamentales del arte de gobernar.
Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Y en este caso no es por casualidad. En José Luis Rodríguez Zapatero brillan por su ausencia las necesarias condiciones de cultura y carácter que le capacitarían para ser un buen Presidente del Gobierno de España. No es que carezca de cualidades positivas. Pero las que tiene –sentido de la oportunidad, dominio de la imagen, capacidad de comunicación- son escasamente útiles en un tiempo de crisis. Entre las debilidades de Zapatero se encuentra una capital, que últimamente se ha hecho especialmente notoria: desconoce las reglas fundamentales del arte de gobernar. No es, por cierto, una falta cualquiera para un político que ocupa el poder. Por ejemplo, ignora en la práctica que es necesario consultar a los concernidos por una decisión (y en cualquier caso, a los miembros de su propio Gobierno). No despacha habitualmente con quienes están al frente de cada área. El dominio de los tiempos que tiene acreditado, sólo lo refiere al corto plazo: es escéptico -o miope- para el largo recorrido. Todo lo cual, y algunas características más, configuran un perfil que puede dar buenas sensaciones en trechos limitados y con relativa bonanza, mientras resulta problemático que resista el desgaste de una larga y dura prueba.
Al final, lo han conseguido: la clase política española, en vez de ser la solución, es el problema. El tercer problema del país detrás de lo obvio, que es el paro y la situación económica. Nuestros políticos nunca habían llegado tan alto en la tabla de inquietudes, ni nunca habían caído tan bajo en el aprecio popular. Que provoquen un descontento mayor que la emigración, el terrorismo o la seguridad ciudadana es uno de los datos sociológicos más inquietantes de los últimos tiempos. Leer el resto de esta entrada »
“Hay una diferencia entre la radicalidad y el sinsentido. Es decir, habitan muchos pueblos entre una actitud ideológica radical –cuya música disonante no tiene por qué impedir un sentido profundo de las cosas– y confundir la radicalidad con la falta de sentido común. Es cierto que la política tiene un fuelle generoso, y que todo cabe en la vía parlamentaria, incluso el ridículo más estentóreo, pero también es cierto que cabe reclamar algo de sentido común a quienes dicen representar al común de los ciudadanos. O no, porque ya dijo el genial autor de Largo viaje hacia la noche, el dramaturgo Eugene O”Neill, que “creer en el sentido común es la primera falta de sentido común”. Leer el resto de esta entrada »
Una detenida revisión del panorama político actual nos lleva a definir a la vigente clase política de pícara o bribona. Esta chusma, que se sienta y se asienta en el Parlamento e instituciones, que dirige las riendas de pueblos, ciudades y del país mismo es una nutrida banda de infames, rastreros y farsantes que prostituye la democracia que con cinismo dice representar. Los casos de corrupción, tan frecuentes y extendidos entre estos nuestros representantes provoca irritación y nauseas entre aquellos que aún viven entre nosotros y que padecieron, entre otras cosas, noches y días largos en presidio por defender una democracia que algunos se entestan en tornar una puta ramera. Leer el resto de esta entrada »
Os presento el trailer de la próxima película de Clint Eastwood, que girará entorno a la figura de Nelson Mandela. El filme está basado en la novela El factor humano, de John Carlin, que relata el duro trabajo desempeñado por el líder sudafricano para que su país albergara la Copa del Mundo de Rugby de 1995, después de años de exclusión en las competiciones internacionales a causa del apartheid. Leer el resto de esta entrada »
Que en el periodismo escrito se cometen errores tipográficos es algo habitual, sobre todo en los artículos escritos prácticamente al cierre de la edición. No obstante hay otro tipo de errores que denotan falta de profesionalidad. El pasado sábado el programa Milenio 3 de la SER realizó una entrevista al escritor suizo Erich von Däniken. En la reseña biográfica le hacen ganador del Premio Nobel de Literatura de 1991, como se puede ver en la imagen superior, cuando en realidad sólo es el ganador de los Ig Nobel, que no son más que una caricatura de los Nobel. Por fin la SER ha repuesto su error.